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Cortadito con cruzado capado

Y es que aprovechando la wonderfulosa reseña que se ha marcado el amigo Sergio, un servidor les va a contar una batallita relacionada con el tomo en sí.

Corría el mes de agosto del año 2009. La verdad es que el recuerdo lo tengo muy claro, casi tanto como si hubiese ocurrido el mes pasado. Realicé una visita a mi librería habitual con el firme propósito de comprar algunas cosillas para aumentar la pila de lectura. Y una vez allí comenzó la cruel batalla.

Mi librero, que me conoce desde hace cienes de miles de millones de años (bueno, quizá algunos menos), se empeñaba en que me llevase el Deluxe Edition del Whatever Happened… (a partir de ahora le llamaremos bats de Gaiman, por abreviar). Que decía que era chu-chu-chu-chuli de verdad. Que seguro que me gustaba. Que no tenía nada que ver con la etapa recién terminada de Morrison. Que merece la pena. Que te vas a arrepentir luego… Y muchas más lindezas semejantes.

Yo, por mi parte, firme como una roca. Impasible a sus alabanzas hacia el tomo. Bueno, en realidad no estaba impasible. Estaba interrumpiéndole cada dos por tres con frases como “Eduardo no toques eso”, “Eduardo no golpees los cristales de las estanterías”, “Eduardo, que como estropees algo nos va a tocar pagarlo” y demás sentencias similiares dedicadas a mi retoño.

La cuestión es que entre controlar al niño y discutir con el vendedor, me amontoné un poco y le dije que me cobrase para salir de allí lo antes posible y que no me viesen totalmente fuera de mis casillas, en plan grande y verde (o gris, o rojo… cada cual que elija su color favotiro). Agarré las bolsas y nos marchamos para casa.

Conviene comentar que no vivo en Valencia, que es dónde está la librería, sino en una población a cinco minutos de distancia, por lo que el trayecto lo realicé en coche. Antiguamente me dedicaba a sacar los comics de la bolsa y bichear un poco los tebeyos de camino al hogar. En la actualidad me dedico a apaciguar a la bestia que va en el asiento trasero, o simplemente a controlarle.

Por ése motivo no me di cuenta de la sucia maniobra urdida por el librero. Al llegar a casa y vaciar las sacas de comics me ví entre todo el material comprado el Bats de Gaiman. Asín que corriendo al teléfono a meterle la bronca al amigacho. Y por respuesta: Que seguro que lo quieres, que ya verás como sí. Y si no, pues me lo devuelves y listo.

Y ahí me tenían a mí, con el tomo precintadito y sin saber si abrirlo o devolverlo.

En una de las conversaciones gtalkeras con el amigo Sergio se me ocurre contarle lo sucedido, y él me suelta: ¿Pero estás tonto o qué? Es el más mejor Bats que he leído en muy mucho tiempo. Bueno, en realidad Sergio no se expresa así, él es más bien hablado. Pero lo pongo de ésta manera por cuestiones de humorismo. Y como de Sergio me fio, aunque sea poco, decido quedarme con el tomo.

En la visita siguiente a la librería me acuerdo del tema del tomo y le digo al librero que me lo cobre. “Ya lo hice” me responde. Y yo ni me enteré…

Conclusiones: Que mi librero y Sergio dicen que el Bats de Gaiman merece la pena. Que debería de fijarme en lo que me cobra mi librero (igual me ha hecho sisa alguna vez más y no me he enterado) en lugar de soltar la pasta sin molestarme en sumar lo que me llevo. Y, sobre todo, que algún día debería de quitarle el precinto al Bats de Gaiman y leerlo.

Saludos!

Acerca de Nacho

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