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¿Por dónde íbamos?

Ah, sí! Los meses han ido pasando. El bicho ha ido bibereando durante éste tiempo. Ha comenzado a tener la cabeza erguida, ha voltearse por la cuna…
Y llega el momento en que comienzan los problemas: gatea.
Y si hasta ahora te limitabas a leer tranquilamente mientras lo alimentabas, a leer tranquilamente mientras estaba tirado en el suelo sobre la alfombra-puzzle de placas de gomaespuma, a leer tranquilamente mientras echaba las siestas, etc. A partir de éste fatídico momento tienes que tomar una terrible decisión: o imitas la mirada de El Dioni para leer al mismo tiempo que lo vigilas, o dejas de leer.
Y es que los críos tienen el superpoder de tocar lo que no deben, ir a dónde no deben, tirarlo todo y demás lindezas con una rapidez superior a la de Barry Allen. Basta con que desvíes la mirada un microsegundo para que ellos hayan comenzado a hacer una trastada.
Así que desde el comienzo del gateo tus ratos de lectura vuelven a verse reducidos. Y piensas que la evolución lógica es el andar, con lo que aumentará la velocidad de desplazamiento y tendrás que estar más pendiente aún. Y esto seguro que aún recortará más las posibilidades de lectura.
Pero dejemos que camine la semana que viene…

Saludos!

Acerca de Nacho

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