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Siguiendo con el tema…

Ayer llegamos al apasionante momento en el que el retoño está totalmente integrado en el hogar. Las visitas empiezan a escasear y simplemente viene ya la familia directa. Un poco de paz se respira en el ambiente.

De pronto, el muchacho empieza a perder demasiado peso, se ve que la teta materna no le sacia, así que se reduce el tiempo entre tomas. A la pobre madre le llegan a salir grietas y tiene que recurrir a las pezoneras para evitar el dolor cuando el bicho amamanta. La matrona y la secta del grupo de lactancia insisten en que siga adelante con la leche materna. Y al final tiramos por la calle del medio y comienza la lactancia mixta.

De ésta forma damos tiempo a generar leche entre tomas alternas y el bicho comienza a recuperarse y ganar peso correctamente. Gracias a haber recurrido a las pezoneras el niño no tiene problemas por succionar piel o goma, se alimenta normalmente recibiendo todos los beneficios de leche natural y artificial.

Inciso ahora para el tema de la secta del grupo de lactancia. Igual es por la gente con la que mi queridísima coincidió, pero éso de que tienes que mentalizarte para generar leche, que aunque te duela tienes que amorrar al crío porque cuanto más saca más tienes, que es todo psicológico y demás lindezas que son la verdad pura y empírica a aplicar a todas las madres, a un servidor le suenan a secta. Y menos mal que no les hicimos demasiado caso.

No sé si será por la lactancia mixta (que terminó siendo artificial cuando mi queridísima dejó de producir poco a poco) pero nuestro bestiajo ha salido más duro y resistente que otros bebés conocidos de la misma época y alimentados sólo de teta. De hecho hasta que no ha ido a la guardería y ha empezado el típico intercambio de virus se podría decir que no ha enfermado nunca.

Pues bien, todo éste rollo que os dará exactamente lo mismo, viene porque al comenzar a preparar y dar biberones, un servidor se apuntó a los turnos rotatorios de alimentación bebuna. Y así fué como aprendí el arte de colocar en el hueco del brazo al niño, darle el bibe con la mano derecha y con la izquierda sujetar el comic o libro pasándo con ésa misma mano las hojas dejando el ejemplar sobre la mesa o cama meciendo suavemente al crío.

Y de ésta forma tan curiosa logras leer una grapa (o más gracias a la lectura descomprimida) mientras el muchacho se alimenta.

Mañana seguimos.

Saludos!

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