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Un año…

Continuemos la crónica…

Nos habíamos quedado cuando el retoño llega al hogar. Normalmente el padre se suele pillar entonces los quince días de permiso de paternidad para hacer papeleos, estar en casa, ayudar, etc. Pero un servidor no lo hizo así. El crío nació el 9 de marzo, las fallas estaban a un paso y la semana santa casi se solapaba con las fallas. Así que seguí yendo a trabajar, me pillé la quincena a destiempo y conseguí más días libres al empalmar las vacaciones con el permiso.

Eso estuvo bien porque conseguí estar más tiempo seguido en casa. Pero tuvo su punto negativo al no estar los primeros días. Pero ¿para qué están las suegras y cuñadas?

Bueno, pues la cuestión es que en mi mente se perfilaban unos días maravillosos de lectura apasionante mientras el bicho se amorraba a la teta materna, ya que un servidor poco podía hacer en ése aspecto. Y en efecto, poco en ése aspecto. Pero ¿y la conciencia?

La conciencia es mala. Y te obliga a barrer (o pasar la aspiradora), fregar, quitar el polvo, cocinar, limpiar los cacharros (aún no tenía lavajillas), poner lavadoras, tenderlas, recoger la ropa seca… Vamos, las tareas que tradicionalmente se asignan al rol femenino y que en mi hogar nunca han sido de exclusividad de nadie…

Así que después de toda ésa paliza, si añadimos el tiempo que pasas cambiando a veces al crío, o tonteando con él, pues como que poco te queda para leer. Pero…

Resulta que el bicho reclamaba su ofrenda láctea tetil cada tres o cuatro horas, por lo que en las tomas nocturas en las que inevitablemente me despertaba, rascaba algo de tiempo para leer algo hasta que volvía a conciliar el sueño.

Y por supuesto también estaban los ratos de visitas de familiares y amigos. Si coincidía que había exceso de confianza o eran amigas de mi queridísima, mientras babeaban con la criatura y charraban con la madre, después de servir algo para picar cual Alfred Pennyworth, un servidor se refugiaba en la cocina a leer algo. Alguna grapilla rápida o cosas así.

Y, casi sin darte cuenta, tu periodo vacacional fallero-semanasantero-paternidero se termina. Y te toca volver a incorporarte a la vida laboral. Entonces es cuando piensas que ya será totalmente imposible volver a leer nunca más. Y una vez más te equivocas…

Ya seguiremos.

Saludos!

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