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Vayamos cerrando…

Poco a poco nos hemos acercado ya al momento actual de vida del bicho.

Si antes dejabas al muchacho en cualquier lado y podías medio vigilarlo, ahora te toca estar detrás de él. O siempre puedes recurrir a cerrar puertas y encerrarte con él en una habitación. De todas formas ésto último es muy poco recomendable, os lo advierto.

Supongo que es de dominio público el hecho de que por más juguetitos, muñecos y demás que el crío tenga, siempre hará caso omiso de ellos para que sea cualquier elemento decorativo del hogar o sus progenitores (incluso la perra) el juguete con el que ellos quieren jugar. Así que si un servidor se encuentra en el sofá con el showcase de Jonah Hex en la manos el crío querrá trepar al sofá y ver dibujos de vaqueros, estirarte del tomo y amenazar con babearlo. Lo que sea para que termines dejando la lectura y empieces a hacerle pedorretas en la tripa y jugar con él. Cosa que, sinceramente, haces más a gusto que leer las aventuras del vaquero desfigurado…

Siempre queda el recurso de la caja tonta: Lazy Town, Lunnis, Babaclub, Bunnytown, o el inefable pero favorito Cantajuego (del uno al cinco) son capaces de lograr un efecto hipnótico sobre su atención. Al menos durante unos minutos. Es curioso, pero a mi bicho le hacen gozo las marionetas y similares, pero lo que es dibujos animados no logran embobarle demasiado. Pero aunque sea un gran remedio para quedarte tranquilo, intentas evitar que abuse de la tele, pues bastante se dedicará a verla dentro de unos años…

Y así es como un servidor ha terminado desterrando la lectura a los minutos previos a caer en los brazos de Morfeo (el de la garbardina y gafas de sol y las pastillicas no, el paliducho de la arena) y muchas noches por cuestión de cansancio incluso me duermo sin leer ni una letra.

Pero, al igual que en lo explicado en entradas anteriores, supongo que será una fase transitoria de la que saldremos airosos.

Ya veremos.

Saludos!

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