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Julio Verne

Pues recién cerradita Los Señores del Olimpo de Javier Negrete (mañana os hablo de ella), me fui derechito a los estantes libreros para reponer el huequito literario vacante que acababa de producirse. Un ligero revoloteo entre los (muchos) libros de la sección pendiente de lectura y, justo cuando iba a coger uno, un estirón del camal por parte de mi hijo me saca del estado semireflexivo en el que me encontraba.

Al verme ante los libros, él demandaba uno de los suyos que están situados en los estantes más bajos, aunque lo suficientemente alto como para que no llegue a pillarlos. “Eeeeto”, lo que viene a ser cuento, sinónimo de libro a su corta edad. “Oshe ito” que, aunque no lo parezca, quiere decir coche del cerdito. Es un trepidante relato de doce páginas en el que un cerdito y un mapache se dan un paseo en coche y, al no saber dónde está el freno, el mapache va arramblando con todo lo que pilla por delante: huertos, gallineros, etc.

La cuestión es que en el camino que va desde la parte superior a la inferior de las estanterías, mi mirada pasó de soslayo sobre el material ya leído (y a veces releído). Y como creo que ya he comentado en alguna ocasión que a nivel lector funciono muchas veces por impulsos, pues como que pasé de lectura nueva y agarré La vuelta al mundo en 80 días.

Pulido de una sóla tacada.

Y es que el señor Verne es mucho Verne. Es un magnífico narrador de historias. Es capaz de engancharte desde las primeras hojas. Y no sólo en las típicas y conocidas obras vaticinadoras como 20.00 Leguas de Viaje Submarino (submarino),  De la Tierra a la Luna (cohetes), Robur el conquitador (helicóptero), etc. Sus novelas “marineras” tampoco tienen desperdicio alguno: Hijos del Capitan Grant, Un capitán de quince años, El rayo verde… O esas grandes aventuras como Miguel Strogoff, Cinco semanas en globo o Las tribulaciones de un chino en China.

Vamos, un autor que injustamente se ha desterrado a la literatura juvenil, cuando en realidad es disfrutable en cualquier momento y edad. Lo bueno que tiene, y que quizá sea uno de los motivos de su encasillamiento, es que es disfrutable con doce, veintitres, treinta y ocho, cuarenta y seis u ochenta años.

Gracias a mi fallecido tío y su adquisición en el 86/87 de un coleccionable de Orbis dedicado a éste autor descubrí los famosos y los menos conocidos libros de éste autor. Por desgracia no tengo ni idea de qué ocurrió con aquellos libros.

Y si por una de aquellas nunca os habéis acercado a sus palabras impresas, ¡ya estáis tardando!

Acerca de Nacho

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4 Comentarios

  1. De Verne algo me he leido siendo mas jovenzuelo. Y sí, da igual la edad que tengas, si un libro es bueno supongo que se puede disfrutar aunque peines canas. Lo que importa es que el escritor sea bueno y se deje de zarandajas.

    Ahora mismo, entre tebeo y tebeo, me estoy zampando la versión con personas humanas de Los 3 Mosqueperros. Dumas es otro tipo que la aventura como que la controlaba mas o menos.

    Saludazos

  2. A mi con Verne me pasó eso mismo leyendo Viaje al Centro de la Tierra. Recuerdo que me tenía tan pillado que una tarde dejé de ir a la playa para terminar de leérmelo. Rara vez me ha vuelto a ocurrir lo mismo.
    Y es que Verne es muy grande.
    Saludetes,
    Sergio

  3. Mario, curiosamente Verne estuvo bajo la tutela y conviviendo con ambos Dumas (padre e hijo). Es de esos detalles biográficos tontos que a veces se te quedan…

    Y además de la versión humana de los mosqueperros y sus dos continuaciones (sip, dos. Hay un tercer libro “El vizconde de Bragelonne” que se suele olvidad y sólo se suele mentar “Veinte años después”) hay bastantes cosas que merecen muy mucho la pena. Mi última re-lectura suya fue El tulipán Negro (y no, no era la etiqueta del desodorante…)

  4. Y Sergio, la verdad es que con lo que has comentado ya está todo dicho. ¿Pa que añadir nada más?

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