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A la mierda 2. Lo vendo todo!!

Tras el susto de ayer, una vez asimilado el tema, continuamos con el tono general del blog…
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Seguimos en la época pre-euro, cuando te da el puntazo de que ya no quieres seguir comprando tebeos, decides que el cambio ha de ser totalmente radical, y lo mejor para eso es librarte de lo que tienes en casa, vas a “hacer limpieza”. En tu librería habitual compran de segunda mano, así que decides echar el ojo por tus estanterías para ver qué es lo que te quitas del medio.
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Y empiezas a mirar y te asaltan a la mente frases como: éste no, que es muy bueno y seguro que lo releo, ¿cómo fui capaz de comprar ésto?, el número uno de Chachiman… seguro que me dan una pasta por él, ésto no lo puedo vender porque está firmado por el autor, etc.
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Pero cuando llevas un par de horas mirando el criterio de selección va bajando, y si cuando ibas por la A salvaste de la quema el Atari Force, a la altura de la N ya has decidido tirar toda la colección de Nuevos Mutantes y el resto de los mutantes. Muchos Watchmen han terminado en la re-venta porque los dueños de sus colecciones ya ni miran lo que echan en las bolsas cuando hacen “limpieza” de estantería al llegar a la W. Por cierto, del sistema de clasificación en las estanterías hablaremos mañana.
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Al terminar la dolorosa tarea te encuentras con la estantería medio vacía y un monton de bolsas del carrofull llenas esparcidas por el suelo. Ahora sólo falta llevarlas a la librería a que te paguen… Y descubres cuánto pesa la cultura. Cada bolsita pesa un montón, y la suma de todas las bolsas es un quintal. Así que poco a poco las cargas en el asiento de atrás del coche (porque te vas a librar de ellos, pero te resistes a meterlos en el maletero como si fueran la compra de la semana), o sí todavía no tienes permiso de conducir, te ayuda tu padre a realizar la carga en su coche.
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Y de camino a la librería piensas en los cienes de miles de pesetas que te van a pagar. Parece el cuento de la lechera: de fiesta con los amigotes, una moto, juergas sin fin, etc. Hasta que llegas y el dependiente te dice: Buf, has traído mucho. Déjamelo aquí detrás del mostrador, que cuando pueda le echaré un ojo y ya te diré cuánto te doy. Y te marchas con las manos vacías.
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Un par de visitas después a la librería recibiendo negativas por parte del dependiente porque no ha tenido tiempo para mirarlo, recibes la respuesta por su parte. Y ocurre que la imagen de vendedor guay que charraba contigo de tebeos y te guardaba los números de tus colecciones se transforma en la de un rastrero y cruel fenicio que te está pagando los tebeos al mismo precio que si los llevases al trapero de tu barrio y se los vendieses como papel al peso. Y encima te dice: Si no te parece bien te los llevas y listo.
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Lo que pasa por tu mente: “No, si bien no me parece. Pero cargar con todo otra vez, rellenar las estanterías… Además había decidido dejar de comprar, así que no los quiero ya. Dame la miseria que me ofreces, que con suerte podré comprarme un bollycao.” Pero en realidad le dices que vale, y te vas a casa con la sensación de haber traicionado a tu mejor amigo.
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A los tres meses (o menos) has vuelto a caer en el vicio y vuelves a coleccionar tebeos. Te cagas en tí mismo por haber vendido el X-Force de Rob! e incluso llegas a comprar algunos de los que habías vendido, y te haces la promesa de que nunca más lo vas a hacer… hasta que vuelvas a decidir dejarlos y “hagas limpieza” de nuevo.
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Saludos!

Acerca de Nacho

Previo: Cáncer
Siguiente: Tetris con comics (o cómo narices ordeno ésto)

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