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Adios…

Se llamaba Nika, aunque la rebautizamos como Niki. Tenía 17 años con tres meses y medio, aunque no es muy exacto porque en la cartilla ponía que nació el 1 de enero de 1999 y no parecía muy cierto. El 18 de marzo sobre las 18:30 tuvimos que practicarle la eutanasia.

Llevaba con nosotros desde el 2001. Quince años.

Quince años en los que terminó siendo la “hermana mayor” de mis dos hijos. En los que ha inundado nuestras vidas protagonizando decenas de anécdotas, cientos de fotografías y miles de recuerdos.

Quince años en los que pasamos junto a ella sus numerosísimos ataques de epilepsia. En los que le apareció una hernia en la ingle que le dejaba un feo colgajo en la entrepierna. En los que tuvo infección de útero. En los que las piezas dentales se le estropearon. Pero nunca pasó por quirófano. La epilepsia le daba bastantes probabilidades de morir en la mesa de operaciones. Incluso hace un par de años durante la recogida de la oliva se nos despistó, se perdió y estuvo un fin de semana entero deambulando sola por el campo y sobrevivió, hasta que fue recogida a orillas de una carretera por un caballero al que le estaremos siempre eternamente agradecidos (recuerden poner una chapa a sus animales con un móvil de contacto, les confirmo que es muy importante). Y al final tuvo que ser por edad.

Le costaba mantenerse en pie. Durante la última semana no comía y para alimentarla había que darle potitos de bebé diluidos con jeringuilla directamente a la boca. Y para beber tenías que ayudarle a mantenerse mientras lo hacía. Hacía tiempo que ya había perdido bastante audición y vista.

Cuando el día 18 al mediodía decidió no tragar la comida “asistida” la cosa estaba dolorosamente clara. Lógicamente la eutanasia era lo mejor tanto por ella como por nosotros.

Pero duele… duele mucho.

Escribo ésto como ejercicio de desahogo, aunque no ayuda demasiado.

Ahora seguro que estará corriendo por el cielo canino, como cuando la bañaba y luego se dedicaba a corretear como una loca por la casa.

Adios…

Acerca de Nacho

Previo: Mas Dan Morton

3 Comentarios

  1. Alguien ya lo dijo mejor que yo…

    “Caballeros del Jurado:

    El mejor amigo que un hombre pueda tener, podrá volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Su propio hijo o hija, a quienes crió con amor y atenciones infinitas, pueden demostrarle ingratitud. Aquellos que están más cerca de nuestro corazón, aquellos a quienes confiamos nuestra felicidad y buen nombre, pueden convertirse en traidores.

    El dinero que un hombre pueda tener también podrá perderlo, se volará en el momento que más lo necesite.

    La reputación de un hombre quedará sacrificada por un momento de locura o debilidad.

    Las personas están dispuestas a caer de rodillas para honrar nuestros éxitos, serán los que arrojen la primera piedra, cuando el fracaso coloque nubes sobre nuestro porvenir.

    El único, absoluto y mejor amigo que tiene el hombre en este mundo egoísta, el único que no lo va a traicionar o negar, es su PERRO.

    Caballeros del jurado, el perro de un hombre está a su lado en la prosperidad y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Dormirá en el frío piso donde sopla el viento y cae la nieve, sólo para estar junto a su amo.

    Besará la mano que no tenga comida para ofrecerle, lamerá las heridas y amarguras que produce el enfrentamiento con el áspero mundo.

    Si la desgracia deja a su amo sin hogar y amigos, el confiado perro sólo pide el privilegio de acompañar a su amo para defenderle contra todos sus enemigos.

    Y cuando llega el último acto y la muerte hace su aparición y el cuerpo es enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido. Allí, junto a la tumba, se quedará el noble animal, su cabeza entre sus patas, los ojos tristes pero abiertos y alertas, noble y sincero, más allá de la muerte”.

  2. Manuel Callejo del Alamo

    Yo solo he tenido un perro, se llamaba Kiko, y me acompañó desde que tenía unos días a los 11 años, cuando tuve que sacrificarlo. No puedo imaginarme a una criatura mas noble y leal. Me tocó atravesar con el una etapa dura ya que era un rottwailer y a raíz de unos hechos desgraciados algunos medios de comunicación desaprensivos hicieron su agosto estigmatizando su raza. Pero eso me dio igual, era cariñoso y jamas tuve un problema con el. Agradezco todos y cada uno de los minutos que se me permitió pasar con el y espero que esté en el cielo de los perros, retozando o contemplando el horizonte mientras está recostado plácidamente.

  3. lo siento mucho. yo también tengo un amigo peludo y no quiero pensar en el enorme hueco que puede dejar el día que decida irse a otro lugar…

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