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El placebo de tener

Entrada médica, sin ánimo de hacer publicidad de medicamentos, que conste.

Un servidor de ustedes sufre en las estaciones impares, si contamos como tal la fecha de inicio de las mismas a partir de principio de año, cierta alergia. Esto es, en primavera y otoño, siempre coincidiendo con el cambio brusco (más o menos) de temperatura me vuelvo propenso a los estornudos, moqueos y demás.

Para la parte congestiva el único “desatascador” eficaz y de gran despejamiento nasal en reducido espacio de tiempo que he localizado es la Nebulicina. Años de probaturas entre distintos productos similares con nulos resultados llegaron a su fín cuando, por consejo de mi farmacéutica, probé ésta panacea. A unos dicen que les va mejor el Vicks, otros el Utabón. Yo de momento funciono bien con ésta.

Otro de los efectos que provoca en mí es un cierre involuntario de los bronquios, lo que me produce dificultades respiratorias acompañadas de ciertos silbiditos que desde mi más tierna infancia mi madre dió en denominar “pitos” y con ése nombre se quedaron. Es una especie de asma leve, por así decirlo.

Cuando aparecen estos “pitos” la forma más rápida y efectiva de librarse de ellos es un inhalador que seguro que más de uno de vosotros conocéis: El Ventolín.

Como en mi familia contábamos con otro miembro asmático, mi tía, era ella mi proveedora habitual de inhaladores. Hasta que le cambiaron la medicación y me quedé sin “camello”. A partir de ése momento es cuando comencé a mendigarlo por las farmacias. Curiosamente en algunas de ellas lo despachaban sin problema alguno, como quien pide unos preservativos. Pero en otras se niegan a hacerlo sin receta médica. De todas formas mi actual farmacéutica habitual me lo pasa sin problemas, aunque ya tengo cita médica concertada (a unos siete meses vista) para que me revisen a ver si la cosa tiene apaño.

Pues el motivo del título de la entrada viene porque éste cambio de tiempo me ha pillado con el inhalador vacío. Se ve que lo terminé en algún momento y, al no hacerme falta, me olvidé completamente. Y como las “crisis respiratorias” se producen básicamente en horario nocturno, pues como que para éso no me iba a levantar, vestir, coger el coche y buscar una farmacia de guardia.

Es más, al ser en horario nocturo, durante varios días se me ha pasado totalmente ir a comprarlo, ya sea por cuestiones de trabajo, vida familiar, etc. Ni me he acordado del dichoso inhalador, aunque por las noches sí que me acordaba. De él y de toda su parentela.

Ayer decidí poner punto y final a la situación. Dejé el frasco vacío por la noche (justo durante un ataque respiratorio) dentro de la taza en la que desayuno, de manera que me fuese imposible olvidarme de comprarlo. Y así fue. Por fín tengo un inhalador nuevecito, lleno hasta los topes y preparado para el uso.

Sólo que ésta noche no he tenido problema respiratorio alguno. He dormido sin problemas. No me he despertado para nada ni me ha faltado el aire. Justo ahora que tengo la maldita medicina resulta que no me ha hecho falta.

Lo dicho, el placebo de tenerla ha hecho más que la medicina en sí.

Acerca de Nacho

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