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Ligeramente indignado con la FNAC

El pasado viernes no había ninguna novedad viñetera que me llamase le atención, ni tampoco se esperaba envío del otro lado del charco. Así que cuando mi queridísima decidió ir a una charla y que me quedase yo con el retoño se me planteó la complicada tarea de ver en qué empleaba el tiempo, teniendo en cuenta la ausencia total de parques con columpios por la zona de la calle San Vicente de Valencia en la que ocurría dicho evento.

La cuestión es que, aunque de momento no tengo intención de adquirir literatura por los motivos comentados en la entrada anterior, se me ocurrió dar una vuelta por la Fnac. Así podría bichear libros, hojear ésos comics que no sueles decidirte a comprar y en tu librería habitual te da palo ponerte a leerlos delante de tu amigo el dependiente, e incluso comprarle algún librito infantil al retoño que me acompañaba.

Pues para allí encaminamos nuestros pasos con ésos firmes propósitos en el cuerpo. Y, mira por dónde, descubrí un par de cosas sobre la Fnac y los niños que no gustaron en absoluto.

La primera la protagonizó el “simpático” seguridad de la puerta al que le solicité indicaciones sobre la ubicación de los aseos dado que desde el asiento del carrito me subían unos aromas que delataban lo que la criatura había hecho.

Pues el “simpático” seguridad me indicó amablemente los aseos, pero del parking que hay bajo la tienda en lugar de los de la tienda, finalizando la indicación con una frase que remarcaba que el baño de la tienda era para clientes y que tenía bastante cara dura al querer entrar sólo para aprovecharme de los aseos en lugar de para hacer gasto en el local. ¿Resultado? Yo me tomé un cafetito y la criatura un zumete en un bar cercano dónde le limpié sus cositas.

Pero todavía no se ha terminado la cosa.

Una vez limpitos y terminadas las consumiciones nos dirigimos de nuevo al local. Al fin y al cabo la seguridad suele ser contratacion externa y poco tiene que ver con la tienda. Si hoy me había tocado el tonto qué le íbamos a hacer…

Una vez dentro comencé a deambular por toda la planta baja cual zombie hambriento en busca de cerebros (ahora que están de moda habrá que gastar éstos símiles) aunque lo que yo intentaba localizar era un ascensor para poder acceder con el carrito a la planta superior para ir a la zona de literatura y música.

Al final terminé preguntando a un dependiente al azar y resulta que es que no, que no hay ascensor. Y al preguntarle cómo podía subir de piso con el carro la respuesta fue sencilla: no puedes. Bueno, si haces malabarismos sobre las ruedas traseras en la escalera mecánica o alguien te ayuda a subirlo por las no mecánicas sí que puedes subir. Pero si no es así te tienes que fastidiar.

Así que solté una frasecita del tipo “Pues nada, me voy a comprar a otro sitio…” y salí del local.

Una vez en la calle me dí cuenta de que en las escaleras exteriores que dan al primer piso hay en un lateral una plataforma elevadora plegada, por lo que supongo que al menos las personas que van en silla de ruedas usarán ése sistema. Aunque es una mera suposición, pero imagino que debe ser así. Sólo faltaría que ni tan siquiera éstas personas pudieran acceder al primer piso.

Y si lo tienen para ellos ¿por qué no me lo ofrecieron a mí?

Bueno, pues al final nos fuimos a la Librería Paris-Valencia unas callejuelas más allá y me gasté mis leuros en cuatro librillos para el crío.

Si poca gracía me hacía la Fnac, ahora menos…

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Un comentario

  1. Pues, es el primer fnac que conozco sin ascensor, en el de madrid y en el de barna hay, el resto ya no sé. Pero vamos, no me creo que no hubiera nada, lo que pasa que te tocaron los tontos de turno como bien dices, que a veces con tal de no dar ni golpe no dicen ni la hora…

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