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Cronica del Saló

Lo prometido es deuda, y con cortadito en mano, voy a proporcionaros mi crónica del Saló de éste año.

El primer día fue el viernes. Yo estaba en el trabajo, y os colgué unas cuantas entradas en el blog. Pero cuando salí del trabajo me fui a casa y con el crío y mi queridísima nos fuimos a cenar a casa de mi madre. Allí el chiquillo se lo pasó bomba jugueteando con los abuelos mientras nosotros tomábamos pechugas de pollo rellenas de bacon y queso empanadas, patatas fritas con ajitos (si no las habéis comido nunca probadlas, basta con echar unos cuantos dientes de ajo mientras las estáis friendo y le dan un puntito muy bueno) y ensalada. A eso de las diez y pico con el muchacho reventado nos despedimos de los abuelos hasta el viernes que viene y nos fuimos a casa. Allí vimos un poco de callejeros desde el lecho en la tele que tenemos en el cuarto, leí un poco del segundo tomo de Los Combates Cotidianos (hay que hacer durar lo que te gusta) y a dormir.

Segundo día de Saló: sábado. A las ocho menos algo el muchacho se despertó berreando y pidiendo el desayuno. Le preparé el bibe de cereales con cacao (su versión de un colacao) y miré en el ordenador de casa si tenía algo de correo. Me sorprendió el amigo Angux, al que le había pasado algo parecido. Semichateamos escasos minutos, nos despedimos y nos dedicamos cada uno a nuestras respectivas criaturas.

Cuando ya habíamos movido todos nos fuimos de compras. Unas cuantas camisetas, unas chanclas, algo de comida (nuestra, del niño y de la perra) en el centro comercial de turno y, por supuesto, visitilla a la tienda de comics.

Cargué con las compras saloneras, aunque no fueron todas las que puse en la entrada de hace tiempo, tanto por defecto como por exceso. Al final cayó el Masquerouge, La isla sin sonrisa, Spirou, Fables, Usagi, y el Showcase de Jonah Hex que era uno de esos “lo quiero pero no” y que me dio el punto por comprar. Y a comer a casa.

La tarde del sábado fue tranquilita. Una siestecilla, paseo al parque con el crío y poco más. Luego por la noche vimos El incidente, que aunque parezca mentira todavía la teníamos pendiente. No está mal, pero tampoco me convenció demasiado. Lectura de unas pocas páginas de Jonah y a dormir.

El domingo, como todos sabéis, es el peor día del Saló. Nos fuimos a comer a casa de mi suegra. Menos mal que en la bandejita de debajo del carro me llevé a Jonah, pues la sobremesa con la peli de turno “basada en hechos reales” podría haber sido de infarto. A la noche tocaba baño del crío. Y entre éso, hacer la cena y ¿ver? Aída (no sé qué me pasa pero todos los domingos me duermo viéndola. Es un buen somnífero) se terminó la jornada.

Y llegamos al lunes, día de clausura. La jornada del lunes se plantea parecida a la del viernes, sólo que hoy no vamos a cenar fuera de casa. Al salir del curro probablemente nos iremos con el crío al parque un ratillo, y luego la rutina diaria. Seguiremos con Jonah, que ya me he pulido medio tomo y estoy disfrutando como gorrino en el charco.

Pues bueno, ésto es todo. Así he vivido yo el Saló. Ahora sólo queda esperar al del año que viene.

Por cierto, en el apartado de firmas, he logrado varias estampaciones por parte de un autor novel bastante prometedor. En lugar de en folios estampaba su sello en dodots, pero ése punto de originalidad seguro que hace que se cotice más aún. Y no sólo firma, también ofrece modelos en 3d…

Saludos!

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